Apocalipsis, otra vez. En el nombre de Gaza
Podemos pasar millones de veces por museos que nos enseñan sobre las atrocidades de la violencia extrema. Pienso por ejemplo al Museo de Auschwitz en Polonia, el Museo Sitio de la Memoria ESMA en Argentina, los millones de museos que recuerdan masacres en todo el mundo. Pero si esa experiencia no nos ayuda a identificar una matanza cuando la tenemos en frente, no sirve.
Podemos conmemorar cientos de fechas que nos recuerdan el horror
desmesurado, pero si esas fechas del pasado no nos ayudan a ver el drama de las
fechas del presente no valen la pena.
Podemos hacer las mejores leyes internacionales articuladas
en lo más avanzado de la arquitectura legal penal que nos autorice a poner
freno a los efectos del odio desmedido, pero si no creemos en ellas, no
funcionan.
No es un secreto que el Gobierno del Estado de Israel tiene
un proyecto a corto plazo de ocupar la Franja de Gaza y eliminar la población
que vive ahí. Además, intuimos que existe un proyecto a largo plazo de apropiación
de territorios en Cisjordania y el reemplazo de la población palestina. Por
eso, gran parte de las voces que son sensibles a este proyecto defienden la
idea de que, para proteger a la población palestina del exilio o exterminio, es
necesario crear y defender un Estado Palestino. La fórmula conocida como dos
pueblos (judíos/palestinos)- dos estados (Israel/Palestina).
Desde octubre 2023 no apoyo la solución dos pueblos- dos
estados, sino que creo que Israel tiene que hacerse cargo políticamente de la
franja de Gaza. ¡Claro que nunca pensé que la formula incluiría la eliminación de
la población palestina del territorio! La limpieza étnica intencional o
secundaria a la lucha contra Hamas no es una opción.
¿Por qué no creo en la solución de dos pueblos- dos estados?

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