La banalidad del mal del siglo XXI
Durante el juicio a Eichmann, Hanna Arendt observó como las acciones del funcionario del Gobierno Nazi orientadas al exterminio de los judíos, no respondían a un odio contra los judíos mismos sino un modo de actuar moralmente acrítico al interno de una estructura institucional específica. La banalidad del mal. Esta estructura institucional, como es el caso del gobierno Nazista, se presenta como externa y se impone sobre el individuo como si no hubiera alternativa. Seguir las ordenes, cumplir con el cotidiano, responder a los incentivos intrasistema son las acciones que anestesian el pensamiento y la reflexión moral.
Arendt en su escrito estaba pensando en el régimen totalitario de Alemania Nazi, pero el adormecimiento del pensamiento crítico está presente también en las democracias modernas. Nunca me voy a olvidar conversaciones con gente de bien, padres premurosos y profesionales de clase media italiana interesados en la vida social de la comunidad. No me acuerdo por qué se hablaba de inmigración y de la noticia (tal vez verdadera, tal vez falsa) que anunciaba que el estado italiano iba a asignar €100 a inmigrante por día para su recepción, recalificación e incorporación a la sociedad italiana. El primer comentario fue: - ¿Ves? Después dicen que somos xenófobos, pero a ellos les dan €100 por día y a mi ¿qué?, nada. –
Claramente no quiero comprara la insensibilidad de estas personas frente a la situación de los migrantes en búsqueda de asilo con las aberraciones nacistas del siglo pasado. Pero si es importante saber identificar cuando un sistema, totalitario o no, nos oscurece la reflexión critica y el sentido ético. ¿Realmente son €100 al día dado en las manos del inmigrante? ¿Esos 100€ son mucho o poco para alguien que no tiene techo, trabajo y red de contención? ¿visto que nuestra sociedad se enriquece del aporte de inmigrantes, estamos seguros de que no queremos invertir en crear una sociedad en la que la persona que quiere ser parte de nosotros pueda hacerlo dando lo mejor de sí? Y por último, ¿cómo podemos comparar nuestra necesidad que surge dando por descontados que tenemos techo, alimento, educación, salud y seguridad, con la necesidad quien ha sufrido las penas del infierno para llegar hasta aquí y posee exclusivamente su esperanza y su fuerza vital?
Pensar en el bienestar en términos de consumo (perennemente insatisfecho), relax (nunca suficiente) y goce (individual e inmediato) son características de la estructura social que se nos impone hoy en día. La falta de reflexión moral nos hace cómplices de males aberrantes perpetrados sobre personas que se vuelven anónimas por las que no logramos sentir empatía.

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