3- Diagnostico de una otitis viral con los ojos de Hannah Arendt
Hannah Arendt es una conocida politóloga y
filosofa alemana de origen hebrea que escapa del exterminio nacista a los
Estados Unidos durante la segunda guerra mundial. Ella escribe, entre otras
cosas, un libro que tiene en el titulo la frase “La banalidad del mal”
relacionado al juicio que se tuvo en Israel al nazi Eichman en los años 60. En su
libro muy controvertido, ella describe el mal nazista no como una intensional o
voluntaria acción dañina de parte de los nazis contra la comunidad judía, sino
como un estado de suspensión de la capacidad moral de las personas de la
sociedad (judíos y alemanes). Es decir, como la generalizada adopción por parte
del ser humano de una actitud indiferente y apática respecto al otro ser humano
a tal punto de resultar indiferente el sufrimiento y la muerte.
Es espantoso, porque esto es lo que yo estoy viendo en los
médicos hoy en día. Los médicos me han acompañado toda la vida y si hay algo
que veo hoy cada vez mas (y puede empeorar con la llegada de la inteligencia
artificial a este sector) es la automatización y la deshumanización creciente
de la relación médico-paciente.
Cuando fui a la pediatra, era claro no estábamos solo ella,
mi nene y yo en su consultorio. Entre nosotros estaba el instrumento de control
del oído que ella no sabía usar, el ministro de economía, el gobernador de la
región donde vivo, el director del distrito sanitario del USSL7, los análisis y
tampones diagnósticos que ella no estaba dispuesta a recetar porque el sistema
ya no los paga, los laboratorios farmacéuticos, centros de investigación y las
luchas entre ellos, etc.
Y en todo este caos, lo más importante que había entre
nosotros eran los protocolos médicos (algo así como la actual versión primitiva
del futuro “chat GTP para médicos”) Para dar orden a todo este universo social
y de poder, los protocolos médicos se presentan como manuales de instrucciones
seguros, mucho más seguros que los libros de medicina: porque si al protocolo
le metes un par de datos y síntomas, te devuelve tratamientos que tienen en
cuenta una complejidad social (que muchos médicos prefieren evitar) y se
legitiman con el sello indiscutible de la ciencia (que es considerada una,
indiscutible, suprema y aséptica, el DIOS de nuestro tiempo). Por lo tanto,
cualquier tratamiento que te tire el protocolo va a ser considerado necesariamente
mejor que otro tratamiento que no tenga ese sello.
La banalidad del mal, no es que la pediatra no quiere hacer su trabajo o quiere dañar a los niños o sus familias por algún motivo personal o social, sino que su acción es malvada porque no mira al niño que tiene enfrente, no hace empatía con la situación y no usa su formación médica para relacionarse con ella. Es malvada porque adopta una actitud apática y burocrática respecto a un trabajo altamente demandante de profesionalidad y relación como es el de pediatra. No le interesa que le duela y que ella sepa que con su tratamiento no se le va a pasar, es mas importante seguir las instrucciones. Todo el resto: la otitis viral, el instrumento de control del tímpano, la resistencia antibiótica, es un juego de palabras infundado para no hacer lo que sabe que tiene que hacer.
Es como “El trabajo te vuelve libre” a
la entrada de Auschwitz. No dudo que en términos generales exista la otitis
viral, o la resistencia antibiótica o che el trabajo vuelva libre, pero en la situación concreta, estas frente a un niño sufriente, no toda receta de
antibiótico genera bacterias resistentes y claramente no todos los trabajo
vuelven libres.

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